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El Martes Santo
 
En el Evangelio del Martes Santo, Jesús anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las Negaciones de San Pedro.
 
 
Oracion por la mañana
 
Que pueda quitarme de encima
lo que me estorba y el pecado que me ata,
para correr en la carrera que me toca,
sin rendirme, sin abandonar, fijos los ojos en ti,
Jesús que ya has corrido, y que inicias
y completas nuestra fe.
 
Tú mismo, renunciando al gozo inmediato
que siempre el mundo ofrece,
soportaste con entereza la cruz,
sin importante la ignominia
y el desprecio de los importantes.
 
Que no me canse yo ni pierda el ánimo;
todavía no he llegado a la sangre
en mi pelea contra el pecado.
 
Acepto con gusto la corrección que me viene de ti,
Padre Dios, aunque me duela,
porque lo único que pretendes regalarme,
como fruto de mi conversión, e
s una vida resucitada, semejante a la de tu Hijo.
 
Fortalece, Señor, mis manos débiles
y haz fuertes mis rodillas vacilantes,
para que camine seguro por tu senda.
 
Quiero imitarte, Jesucristo,
para poder llegar y vivir en la familiaridad con Dios,
tu Padre y nuestro Padre.

Corta con mi vida anterior, radicalmente,
para que sea posible en mi
el comienzo de una vida nueva.

Ayúdame a poner entre lo anterior y lo que viene
una muerte necesaria.

Que las aguas del bautismo,
en las que Tú mismo quieres bautizarte:
las aguas de tu sangre,
 sepulten mi cuerpo de pecado
y despojen mi vida de los bajos instintos
y de todas las obras de la carne;
para emerger después -como Tú-
de esas mismas aguas
como si me levantara de la muerte,
lavado y purificado, resucitado,
convertido en espiga de mil granos.

 
Oracion por la noche
 
Nos has comprado, Señor, con tu sangre,
de toda raza, lengua, pueblo y nación:

Conduce a tu Iglesia, que es tu pueblo nuevo,
conduce a la humanidad entera
a esa Pascua tuya de la vida.

Atravesado por la lanza de un anónimo soldado,
sabes ahora, supiste siempre sanar nuestras heridas.

Y si para hacernos saber que Tú sí perdonabas,
te dejaste clavar en una cruz,
perdona otra vez a aquella adúltera, rota, sola,
despreciada pero arrepentida;
perdona de nuevo a aquel publicano del templo
de ojos casi en la tierra, suplicando;
perdona otra vez a aquel Zaqueo,
tan bajito él pero que tanto había robado;
perdona otra vez al ladrón que muere a tu costado;
perdona a los que durante tu agonía
se burlaron de ti y blasfemaron...

Perdónalos, porque de todos ellos
 hay mucho en cada uno de nosotros.
Y si les perdonaste a ellos,
fue para decirnos que también
a nosotros quieres perdonarnos.
 
 

EL AMOR DE DIOS ES FIEL SIEMPRE,
QUE EL AMOR VENCERÁ A LA MUERTE

 
Autor:
Lectio Divina para cada día del año,
de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra.

 
Como un amigo al que estamos habituados de repente puede parecernos desconocido, extraño en el misterio de su persona, así debió de pasar a los discípulos en el cenáculo aquella tarde.

Lo mismo nos pasa a nosotros hoy con Jesús:
no comprendemos ya nada, nos quedamos perplejos ante la predicción que nos hace. Percibimos que verdaderamente conoce la posibilidad de nuestra traición, de nuestra falta de mantener la palabra, de esas sutiles, insinuantes afirmaciones que tenemos a flor de labios y hieren el corazón de la comunidad cristiana...

Y nosotros ni siquiera nos damos cuenta de lo profunda que es la herida en su corazón, del que está en agonía hasta el fin del mundo, según la expresión de Pascal.
Y a pesar de todo -por siempre-, para él el traidor sigue siendo el amigo al que brinda un último gesto de predilección. Porque el amor no retira lo que ha dado, no reniega de lo que es. Prefiere consumirse en el dolor y la muerte...
 
Pero hoy, en la noche que rodea la sala de la cena, una luz queda encendida:
finalmente hemos intuido algo del misterio de Jesús.

Para cada uno de nosotros, que llevamos dentro las tinieblas de Judas, las frágiles corazonadas de Pedro y -esperemos- el amor de Juan, por cada uno de nosotros no cesa de ofrecerse a sí mismo, porque nos ha amado hasta el extremo.

Esta es su gloria: mostrar en el rostro desfigurado por el sufrimiento que el amor de Dios es fiel siempre, que el amor vencerá a la muerte.

Es más, ya la ha vencido.
 
 
 
 

ORACIÓN
Señor Jesús, en este crepúsculo del tiempo
compartimos contigo la cena:
pero todavía no comprendemos tu misterio.
 
Y, sin embargo, creíamos
que te conocíamos desde hacía tanto...
 
Y cuando con profunda emoción
tú nos revelas nuestro propio misterio
-la tremenda posibilidad de traición y odio-,
intuimos que tú nos conoces desde siempre.
 
Ayúdanos, Señor,
a acoger la verdad del mal que hay en nosotros
sin mirarnos con desconfianza unos con otros,
sin manifestar un disgusto desesperado
de nosotros mismos, sin presumir de ser diferentes,
mejores, dispuestos a dar la vida por ti:
no cantaría el gallo y te habríamos negado no tres,
sino infinitas veces.
 
Danos la fortaleza de permanecer en la luz
de aquella sala en la planta de arriba:
allí se revela, a tu luz, lo que de verdad somos,
y fuera es de noche.
 
Entonces podremos comprender algo de ti,
que eres el Amigo por siempre
y no cesas de atraernos con vínculos de bondad:
aunque te neguemos, tú permaneces fiel,
porque no puedes negarte a ti mismo.
 
Amen

"Abramos el corazón
a las sugerencias interiores de la gracia.
 
Que el egoísmo deje lugar al amor
para que podamos experimentar la alegría del perdón
y de la íntima reconciliación con Dios
y con los hermanos".

 
-Juan Pablo II, cuaresma, Feb 23,2005
 
 


 

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