“En ti, Dios, me cobijo,
¡nunca quede defraudado!
¡Líbrame conforme a tu
justicia,
tiende a mí tu oído, date prisa!
Sé mi roca de
refugio,
alcázar donde me salve;
pues tú eres mi peña y mi alcázar,
por
tu nombre me guías y diriges.
Sácame de la red que me han tendido,
pues tú
eres mi refugio;
en tus manos abandono mi vida
y me libras, Yahvé, Dios
fiel.
Me alegraré y celebraré tu amor,
pues te has fijado en mi
aflicción,
conoces las angustias que me ahogan;
ten piedad de mí,
Dios,
que estoy en apuros.
La pena debilita mis ojos,
mi garganta y mis
entrañas;
mi vida se consume en aflicción,
y en suspiros mis años;
pero
yo en ti confío, Yahvé,
me digo: «Tú eres mi Dios».
Mi destino está en tus
manos, líbrame
de las manos de enemigos que me acosan.
Que brille tu
rostro sobre tu siervo,
¡sálvame por tu amor!
Dios, no quede yo
defraudado
después de haberte invocado;
¡qué grande es tu bondad,
Dios!
¡Y yo que decía alarmado:
«Estoy dejado de tus ojos»!
Pero oías
la voz de mi plegaria
cuando te gritaba auxilio.
¡Tened valor, y firme el
corazón,
vosotros, los que esperáis en Dios!”
(Salmo
30)
ORACION
Oh, Señor:
ve delante de nosotros,
para guiarnos;
ve detrás de nosotros, para impulsarnos;
ve debajo de
nosotros, para levantarnos;
ve sobre nosotros, para bendecirnos;
ve
alrededor de nosotros, para protegernos;
ve dentro de nosotros, para
que,
con cuerpo y alma,
te sirvamos para gloria de tu nombre.