Gloriosa Santa Marta,
inefable amiga del Maestro Jesús,
amable y bondadosa protectora mía,
que tuviste la dicha y alegría
de hospedar a Jesús Nuestro Señor,
en tu casa y por ello fue santa morada.
de hospedar a Jesús Nuestro Señor,
en tu casa y por ello fue santa morada.
Dichosa tu mansión de Betania,
bendecida tantas veces
con la presencia del Huésped divino,
y cuyos moradores, tú misma
y tus santos hermanos Lázaro y María Magdalena,
fuisteis tantas veces honrados
con las visitas de Jesús,
con las visitas de Jesús,
de su Madre Santísima
y de los Apóstoles.
y de los Apóstoles.








