Oh San Jerónimo,
santo misericordioso y milagroso:
Tú, que siempre procuraste
el bien de todos los huérfanos,
por ese amor que te unió a ellos en esta tierra
ya que por ellos lo diste todo
te suplicamos que continúes guardándolos
siempre con ternura desde el cielo.
Rogad al Padre de las misericordias,
para todos los educadores y padres,
el mismo espíritu de prudencia,
caridad y constancia que os concedió.
Haced que todos los jóvenes
tengan un corazón afectuoso, dócil y obediente.
Así serán fortalecidos
en el santo amor de Dios,
única fuente de felicidad eterna y temporal;
descubrirán las insidias que les tienden,
y vencerán los peligros que les amenazan.






